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Bucaramanga también tiene un Banco de Alimentos



Esteban Pérez Carreño trabaja desde hace 14 años en el Banco de Alimentos, es decir, desde cuando comenzó su labor en la ciudad esta fundación, a cargo de la Arquidiócesis de Bucaramanga y como parte de un proyecto a nivel mundial de la Iglesia Católica, tras el llamado que hizo el Papa Juan Pablo II. Desde las seis de la mañana Pérez, junto a tres voluntarios, van puesto por puesto de Centroabastos, recolectando todos los alimentos que cada comerciante desee donar. Esta labor se hace a diario, sin interrupción, recibiendo todos los alimentos que muchas veces se botan, para llevarlos posteriormente a las bodegas del Banco, ubicadas en el barrio San Francisco. “En promedio se recogen 300 a 400 kilos por día, pero ahora por el verano está muy escasa la recolección. Cuando hay cosecha hasta 700 kilos nos pueden dar, dependiendo de la cosecha que haya”, cuenta Pérez Carreño. En esta oportunidad Pérez Carreño y los voluntarios lograron recoger algunas canastas de limón, mandarina, remolacha, una canastilla de papa y un cartón de huevos. Nombrándolo así parece poco, y bueno en realidad lo es para toda la necesidad que hay, sin embargo esto genera una significativa ayuda para las 49 fundaciones y muchas más personas que van día a día a la sede del banco a recoger su mercado, con el fin de brindar el alimento diario. “Dependiendo de cómo esté el mercado, hay más o menos donadores. Generalmente son entre 100 y 120 las personas que en Centroabastos nos ayudan. Pero hay donantes que sí son muy puntuales con el Banco, sin importar cómo esté la cosecha o el clima”, destaca Esteban. Sobre las ocho de la mañana se terminan de recolectar y acomodar en la camioneta todos los alimentos. Posterior a esto se llevan hasta la sede de la fundación, en donde otro grupo de voluntarios revisa el estado de los alimentos, separa lo que se puede consumir y lo que no, se realiza un proceso de lavado y se acopla en los lugares dispuestos, en este caso para las frutas y verduras. El Banco cuenta con diferentes cuartos o pequeñas bodegas en donde, dependiendo del producto y su conservación, se ordena para evitar que se vaya a vencer o dañar. El proceso se hace con todo el cuidado que requiere la manipulación de alimentos, pues no se trata solo de dar una ayuda, sino de hacerlo con responsabilidad, por lo cual son constantemente supervisados por la Secretaría de Salud del municipio. ¿Quiénes se benefician? Desde hace 15 años, monseñor Víctor Manuel López, cuando era arzobispo de la ciudad quiso replicar en Bucaramanga el modelo de Banco de Alimentos que existe en diversos países del mundo y actualmente en 303 municipios del país, por medio de los cuales la Iglesia Católica combate el hambre de miles de personas y rescata toneladas de alimentos. En el país, Bogotá, Cali y la capital santandereana fueron pioneras en realizar dicha labor. “En común acuerdo se sacaron unos estatutos, se hicieron unas proyecciones y se comenzaron ya a fundar los bancos de alimentos. De ahí en adelante otras ciudades comenzaron a preocuparse por el problema del hambre y necesidad de alimento que además se pierde en el mundo entero”, resalta el padre Daniel Méndez Villamizar, director ejecutivo del Banco de Alimentos de la arquidiócesis de Bucaramanga. En el Banco se reciben dos tipos de alimentos, perecederos y no perecederos: los primeros tienen que ver con toda la fruta y verdura que se recoge principalmente en Centroabastos y que es la base esencial para la alimentación diaria. Los otros productos son más enlatados o paquetes que llegan de las diversas empresas que se suman a esta causa y como beneficio obtienen descuentos tributarios de hasta el 125%. Este, al igual que todos los bancos de alimentos del país, maneja un inventario detallado de todos los productos que entran y salen a diario de sus bodegas y además realiza un control a las fundaciones que ayuda, con el fin de evitar que los alimentos sean vendidos y no lleguen a la población vulnerable. “El banco de alimentos ayuda a todas las personas que tengan la necesidad, no se reconoce religión, raza, sexo. Es una puerta abierta para que muchas de las instituciones que ya pertenecen puedan ser atendidas…”, explica Sergio Pinto Santos, administrador del Banco de Alimentos. Cada fundación que se beneficia debe tener mínimo un año de constituida y cumplir con ciertos protocolos que la Arquidiócesis establece, para evitar manejos inadecuados de las ayudas. De igual manera, las fundaciones o personas que van a solicitar alimentos deben cancelar el 10% del valor del producto, es decir, por una galleta de $500 pagan $50. El dinero que se recolecta por el pago de los alimentos contribuye a al sostenimiento de cada banco, que en el caso de Bucaramanga está entre 7 y 8 millones de pesos mensuales. “Los padres definieron, tras varias pruebas y errores, que ya instituciones legalmente constituidas pasaran un proceso y ahí sí se vincularan. Desde que estamos acá hemos tratado de ponerle un orden y organización y ha funcionado muy bien”, cuenta Pinto Santos. Entre tres mil y cuatro mil personas son las beneficiadas con este proyecto en la ciudad, a quienes a través de las fundaciones se les suministra no solo una comida al día, en ocasiones las tres diarias, e incluso se les brindan muchas más ayudas como productos de aseo. Adicionalmente, cuando las empresas donan en grandes cantidades productos cercanos a vencerse, el Banco va hasta los colegios o poblaciones vulnerables a regalarlos. Nutresa, Éxito, Colombina, Alquería y múltiples empresas del sector de alimentos hacen parte de las alianzas que mantiene Abaco (Asociación de Bancos de Alimentos Colombia), para lograr que 434 mil personas en situación de vulnerabilidad del país se beneficien de los 19 bancos que existen en el territorio nacional. Y es que la labor que realiza la Iglesia Católica en el país desde el año 2000 ha logrado reducir el hambre en un país en donde, según la última Encuesta Nacional de Situación Nutricional en Colombia (Ensin), realizada en 2010, el 42,7% de los colombianos vive en condiciones de inseguridad alimentaria. Esto significa que casi la mitad de la población no vive con las condiciones mínimas necesarias para tener una alimentación saludable. No hay conciencia para no botar Es común ver en una central de abastos cómo diversas personas recogen los alimentos que se botan a las basuras y que en muchas ocasiones están aún en buen estado. Si a esto se suma toda la comida que restaurantes, almacenes de cadena y hogares desperdician a diario, son toneladas y toneladas de alimentos que dejan de alimentar a millones de personas en el país. “Nosotros aquí en Centroabastos no alcanzamos a recolectar todo lo que quisiéramos o lo que podríamos, pero el concepto del empresario es a veces complicado y prefieren en vez de regalarlo botarlo a la basura. Entonces es más de conciencia social el ejercicio y ponernos la mano en el corazón y revisar qué estoy haciendo con lo que desperdicio…”, indica Sergio Pinto. De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, FAO y el Ministerio de Salud y Protección Social, en el año 2012 el 22,93% de las frutas y el 16,3% de las verduras, es decir, más de 1’400.000 toneladas se perdieron en la pos cosecha. Con esa comida se podría haber alimentado a 9’500.000 personas durante 365 días, como lo reveló en su último informe la Asociación de Bancos de Alimentos de Colombia. “Si nos concentramos solo en las averías y vencimientos de comerciantes, estaríamos hablando de $204 mil millones en productos producidos, que no son consumidos y usados por seres humanos”, dice Ana Catalina Suárez, directora de Abaco. Precisamente esta asociación sostiene que son más 90 mil toneladas de productos las que se pierden al año, con las cuales se podría alimentar anualmente a cerca de 800 mil personas con el requerimiento mínimo diario de fruta y verdura. “El 70% de la población atendida por el Banco son niños en edad escolar, adultos mayores, personas en proceso de rehabilitación… hay de todo acá”, comenta el administrador del Banco de la ciudad. Que nada se pierda Tras realizarse el proceso de selección de los alimentos, es bastante el desperdicio que queda, ya sea porque están dañados los productos o porque simplemente generan basura, como las cáscaras de la mazorca. Con estos restos de comida el Banco realiza un proceso de compostaje, en donde todo se procesa por una máquina especial que produce abono orgánico y líquido, producto de los lixiviados que generan las frutas y verduras. “Tratamos de evitar el desperdicio y contaminación a El Carrasco. El proceso de descomposición de esos productos genera un líquido que se llama lixiviado, un ácido que genera metano y contamina el medio ambiente. Es así, como a través de la compostera se sacan esos jugos y los reemvasamos y convertimos en abono líquido. Además con el producto que queda dentro de la máquina se hace el orgánico”, explica Pinto. Este proceso de compostaje está hace un año en el Banco de la ciudad y es la prueba piloto a nivel nacional. Con este abono que se produce, la Arquidiócesis espera realizar una especie de trueque con los campesinos que necesitan el abono, con el fin de cambiarlo por comida. “Este proceso puede ser una bomba para ayudar si se realiza en Centroabastos e inclusive en los hogares. Todos los productos que se desperdician generan lixiviados que tanta contaminación crean…”, concluye el administrador del Banco.

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