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60 000 personas beneficiadas con banco de alimentos de Saciar


La música es la señal de que es hora de almorzar. Decenas de niños, estudiantes de la jornada de la tarde, llenan en segundos el templo comedor de Vallejuelos, a un lado de la estación del metrocable. Son las 11:30.

En las 12 mesas de manteles naranjados y sillas azules, todas marcadas con los nombres de los comensales, está servido el almuerzo.

Varias mesas son ocupadas, un poco después, por ancianos que acuden al servicio diario. A las 12:30 llegarán los niños que terminan clases de la jornada de la mañana.

Alejandra*, una de las niñas, se apura. Llegó desde el barrio Olaya, a unos 50 minutos caminando, dice, y debe seguir otros 30 hasta la Institución Educativa.

El templo comedor de Vallejuelos es uno de los 12 comedores de la Fundación Saciar, el primer banco de alimentos que tuvo Medellín y que hoy llega a varios municipios más. Nueve templos y tres Comedores del Corazón.

Está a cargo de las misioneras carmelitas. La hermana Amparo es el alma y nervio. Carlos*, uno de los adultos que ocupan las tres mesas para ellos, dice que es una santa. La forma como anima, ayuda y se multiplica en las actividades, con una sonrisa para todos, irradia la energía positiva que se siente en el templo en el que comen 170 niños y 54 adultos mayores y reciben educación para la vida.

Contraprestación

Con cuidado y una experiencia que dan los 13 años de acudir los martes cada ocho días a ayudar a seleccionar las frutas y verduras que llegan a la sede de Saciar, Jorge Bermúdez mantiene un rostro alegre.

Trabaja con la Institución de las Hermanas Franciscanas de Santa Clara, en Girardota, que cada semana recibe donación de alimentos e implementos varios para las 180 niñas del programa de protección con el Icbf.

Es una de las 262 instituciones que de manera permanente recibe ayuda del banco y como contraprestación una vez a la semana una persona de la entidad beneficiada colabora con las actividades de selección y clasificación del fruver y la parva.

Otras 287 acuden de manera esporádica. Todas deben ir por los productos salvo los comedores, a los que sí se llevan.

Como 20 años lleva María Brome trabajando con las Hermanas Franciscanas del Espíritu Santo, allá en Santo Domingo Savio, una casa que ayuda a pobres y desplazados. También colabora en Saciar los martes en la mañana, un servicio que “presto con mucho amor” dice mientras sigue organizando la caja con tomates.

Rescate

El año pasado Saciar rescató 5304 toneladas de alimentos y productos que de otra forma se hubieran perdido.

“El 90% son alimentos, el resto implementos de aseo, ropa, artículos de hogar, variedades”, explica Alexánder Zapata, coordinador operativo.

Con los 14 camiones todos los días se visitan benefactores para recoger los productos, se va por frutas y verduras a fincas y se llevan a los comedores y otras sedes.

Unas 20 a 25 instituciones van todos los días a recoger las donaciones. Y aunque a veces ciertos productos escasean, a todas se les arma su ración, conociendo además el objeto de cada una. “Siempre hay algo”, dice Zapata al lado de bultos de zanahoria traídos desde San Pedro, parte del programa Reagro con la Fundación Éxito y HA Bicicletas que permitió rescatar 2504 toneladas en 22 municipios en 2015 gracias a la vinculación de 479 productores campesinos y empresariales que donan parte de la cosecha o una que no pudieron vender.

Desperdicios

De cada tres toneladas de comida disponibles se bota una, cuenta Silvia Elena Llano Mesa, subdirectora de Saciar. Con los 9,7 millones de toneladas que se botan al año, se alimentarían ocho millones de personas.

Las cifras son contundentes: el 42,7% de los colombianos tiene inseguridad alimentaria y 8% de los niños de Medellín desnutrición crónica. Una ciudad donde una de cada ocho personas se acuesta con hambre y uno de cada cuatro niños sufre anemia y está en riesgo de retardo.

En el país son 19 bancos de alimentos, asociados en Abaco, dos en Medellín, y apenas rescatan 0,19% de lo que se pierde. En 2015 se beneficiaron con Saciar 60.160 personas, 11% del total nacional que recibió ayuda alimentaria.

En la cocina

María* es una de las 556 madres que cocina y atiende en los templos comedores. Para un niño recibir alimento, su madre debe colaborar una, dos o tres veces al mes. Y él debe ser estudiante.

Ya no tiene edad para trabajar, afirma. Su esposo falleció. Ella y su hijo, que estudia dos grados en un año, reciben el desayuno y almuerzo en Vallejuelos. En las noches se defiende con “un café simple y, si tengo, una tostada”.

Al fondo, la hermana Amparo corre y ayuda a organizar las mesas para los niños que siguen y uno que otro boquifrío, dice sonriente, como llama a esos que sus mamás no pudieron ir a cocinar.

(*): Nombres cambiados para velar por su dignidad.

EN DEFINITIVA

  • 1.958 adultos reciben alimentación en los templos y comedores que apoya la Fundación

  • 1.159 niños se atienden en los templos y comedores, sin los de la Alcaldía

  • Saciar, uno de los dos bancos de alimentos de la ciudad, beneficia a más de 60 000 personas y 550 instituciones de ayuda humanitaria. Realiza además actividades de promoción humana.

Fuente: RAMIRO VELÁSQUEZ GÓMEZ, El Colombiano - 20 de Septiembre de 2016


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